Fotografía que conecta y emociona

Para mí, la fotografía es una forma de respiración.


Trabajo con película porque me obliga a mirar con intención, a entender la luz, a anticipar la emoción antes de que ocurra. Las cámaras Leica —con su precisión, discreción y carácter— han acompañado mi manera de mirar durante años; son una extensión natural de mi ojo y mi ritmo.


Disparo, revelo y copio mis imágenes en mi propio laboratorio, cuidando cada paso del proceso para que cada fotografía conserve su textura, su verdad y esa imperfección hermosa que solo la película puede ofrecer.

Viajes y momentos auténticos

Viajar es la otra mitad de mi oficio.


Me inspira moverme, perderme en lugares desconocidos y encontrar historias en las personas que aparecen por el camino. Las conversaciones improvisadas, los gestos cotidianos y los paisajes que sorprenden sin avisar alimentan mi trabajo.


Conocer gente nueva me abre puertas a mundos que no son los míos, y desde ahí fotografío: desde la curiosidad, el respeto y la necesidad de documentar momentos que merecen ser contados.


Cada viaje es una oportunidad de aprender, conectar y crear imágenes que hablen por sí solas.